vie 20a. Ordinario año Par (Id=564)

Primera Lectura

El Señor infundirá su espíritu a los huesos secos y revivirán

Lectura del libro del profeta Ezequiel
37, 1-14

En aquellos días, se invadio con su fuerza el Señor y su Espíritu me llevó y me dejó en medio del valle, que estaba lleno de huesos. Me hizo caminar entre ellos en todas direcciones. Había muchísimos en el valle y estaban completamente secos. Y me dijo:
"Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?"
Yo le respondí:
"Señor, tú lo sabes".
Y me dijo:
"Profetiza sobre estos huesos y diles: ¡Huesos secos, escuchen la palabra del Señor!. Así dice el Señor a estos huesos: Les voy a infundir espíritu para que vivan. Los recubriré de tendones, haré crecer sobre ustedes la carne, los cubriré de piel, les infundiré espíritu y vivirán, y reconocerán que yo soy el Señor".
Yo profeticé como me había mandado y, mientras hablaba, se oyó un estruendo; la tierra se estremeció y los huesos se unieron entre sí. Mire y vi cómo sobre ellos aparecían los tendones, crecía la carne y se cubrían de piel. Pero no tenían espíritu.
Entonces él me dijo:
"Llama al espíritu, hijo de hombre, llámalo y dile: Esto dice el Señor: Ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos para que vivan".
Lo llamé tal como el Señor me había mandado, y el espíritu penetró en ellos, revivieron y se pusieron en pie. Era una inmensa muchedumbre.
Y me dijo:
"Hijo de hombre, estos huesos son el pueblo de Israel. Andan diciendo: "Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, estamos destrozados". Por eso profetiza y diles: Esto dice el Señor: Yo abriré sus tumbas, los sacaré de ellas, pueblo mío, y los llevaré a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los saque de ellas, reconocerán que yo soy el Señor. Infundiré en ustedes mi espíritu y vivirán; los estableceré en su tierra y reconocerán que yo, el Señor, lo digo y lo hago. Palabra del Señor".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 106, 2-3.4-5.6-7.8-9

Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Confitémini Dómino, quóniam in saeculum misericórdia eius.

Que lo reconozcan los que el Señor ha rescatado, los que él rescató del poder del opresor, los que él entregó de todos los países, del oriente y occidente, del norte y el sur.
Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Confitémini Dómino, quóniam in saeculum misericórdia eius.


Anduvieron errantes por el desierto solitario, sin encontrar el camino hacia un lugar donde vivir; estaban hambrientos y sedientos y se agotaban sus fuerzas.
Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Confitémini Dómino, quóniam in saeculum misericórdia eius.


Pero clamaron al Señor en su angustia, y él los salvó de la aflicción. Los condujo por caminos sin obstáculos, para que llegaran a un lugar donde vivir.
Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Confitémini Dómino, quóniam in saeculum misericórdia eius.


Que den gracias al Señor por su amor, por las maravillas que hace por los hombres. Porque sació a los sedientos y colmó de bienes a los hambrientos.
Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Confitémini Dómino, quóniam in saeculum misericórdia eius.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Descúbrenos, Señor, tus caminos y guíanos con la verdad de tu doctrina.
Sémitas tuas, Dómine, édoce me, dírige me in veritáte tua.
Aleluya.

Evangelio

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

Gloria a ti, Señor.

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo

22, 34-40

En aquel tiempo, cuando los fariseos oyeron que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron, y uno de ellos, experto en la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
"Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?"
Jesús le respondió:
"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
En estos dos mandamientos se basa toda la Ley y los Profetas".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]